La palabra Tolerancia deriva del vocablo latín tolerantia que significa soportar o aguantar, por lo que, en su origen, venía a significar que, aunque algo no nos guste, o encaje mental o emocionalmente, no hay otra solución mas que admitirlo y aceptarlo.

Ahora bien, en múltiples ocasiones, cuando escuchamos la palabra tolerancia, vienen a nuestra mente los temas de flexibilidad, condescendencia y, por qué no, también la sumisión hacia la otra persona; pero estaríamos errados a razón de que la tolerancia implica dos situaciones, la primera es la situación o la persona a tolerar; y la segunda el motivo por el cual ser tolerantes; lo cierto es que, más allá de qué o a quién debemos tolerar, lo realmente importante e interesante es esa motivación por la cual decidimos ser tolerantes. En cambio la sumisión conlleva aquellos actos en los que una persona se somete a otra, sin ningún tipo de cuestionamiento, así también se someten a las circunstancias que se imponen.

Todo en la vida tiene un límite, y la tolerancia no es la excepción, a razón de que la persona no pueda ir un paso más allá debido a que sus principios y valores se lo impide, debido a que lo que considera que es “bueno” y “correcto” ya no se aplica al caso en cuestión, razón por la cual entendemos que debemos ser tolerantes pero basado en nuestros valores y normas, teniendo en cuenta la esperanza de cambio y el hecho de si queremos o no a esa persona que habremos de tolerar, toda vez que si no tenemos esperanzas de cambio entonces sólo nos envolveremos en un círculo de desinterés que al final no nos conducirá a ningún sitio.

No te enojes, en la mayoría de los casos el otro no entiende, aunque se lo expliques millones de veces, no lo ve, no es tonto, no es malo, no es indiferente… porque simplemente es otro.

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